Aquí, en pleno Bellavista, hay platos que nacen de echarle cariño y ganas —y este es uno de ellos. Los huevos a lo “pensionista” nos salieron casi sin pensarlo: huevos camperos fritos en aceite del bueno, con su puntito de ajo frito que cotillea en la sartén… y al plato, una capa generosa de patatas panaderas caseras, guisadas despacio como lo hacía la abuela.
Lo ponemos en barra, con su chorrito de aceite caliente y pan del día que pide mojar sí o sí. No hay prisas, solo risas, charla de barrio y ese “¡quina alegría pa’l cuerpo!” con que se prueba el primer bocado. Y si tienes mono de volver… tendrás que seguir el consejo: pide otro y comparte —o no—, aquí cada uno lo goza a su manera.