Si en alguna esquina de Sevilla huele a mar, ese sitio somos nosotros cuando preparamos el choco en su tinta. Aquí no hay pretensiones: choco fresco cortado fino, guisado en su tinta con cebolla, ajo y un vino que huele a vino de guardia. Cuando hierve, la barra se tiñe de nostalgia y de ese olor que te trae recuerdos del estero y de fondo de bar almadrabero.
Te lo ponemos con su colorao brillante, pan para mojar y una sonrisita que empieza de cocina. Al primer sorbo, sabes que estás en casa: sabor profundo, triste y feliz, como escuchar un buen cante. Vente a aletear con la cuchara y el pan, porque este plato no se come… se siente.